Hace tiempo, vimos la adaptación animada de Skip & Loafer porque tenía ganas de mirar algo ligero y no estaba preparada para el nivel de obsesión que me causó. Tras terminar de ver la primera temporada del anime, corrí a mi sitio pirata de confianza y me leí el manga hasta donde se ha publicado al momento y me gustó tanto lo que seguía de lo que ya había visto en el anime, que fui y me compré los mangas que han salido en México.
Skip & Loafer es una historia llena de personajes complejos y muy humanos, me hizo repensar mi vida escolar con un ojo más compasivo por todas las personas con las que me topé y con las que tuve roces. Como con todas las obras que me generan esta reacción, he extrapolado mis propias vivencias y me he visto reflejada en esta obra, pero es gracioso porque, aunque es una historia sobre la preparatoria, yo no leo esto con nostalgia (ya que mi vida adolescente no fue así de positiva) si no que lo veo con comprensión de muchas cosas que viví.
En caso de que aún no vean el anime o el manga les hago un pequeño resumen del primer episodio (sin spoilers). La historia trata de Mitsumi: una chica dedicada cuya meta en la vida es convertirse en funcionaria de gobierno, vive en un pequeño pueblo costeño en la zona rural de Japón.
Como quizá sepan Japón está atravesando un problema de baja natalidad y muchos pueblos rurales se han ido quedando cada vez más vacíos pues la gente se mueve a las ciudades y no regresan. Mitsumi ama su pueblito natal, un lugar donde hay tan poquitos niños que a pesar de lo diferentes que son se llevan bien porque literal no hay nadie más con quien jugar, y así el resto de la comunidad, todos son cercanos y se ayudan mutuamente porque no hay otra manera de sobrellevar la vida en un lugar así.
Es por eso que Mitsumi se enfoca en sus estudios para poder ir a estudiar la preparatoria en Tokyo y así tener suficiente nivel para entrar a la Universidad T.
Mitsumi, como la estudiante prodigio de su lugar natal, tiene plena confianza de que su primer día será exitoso, pero obviamente la vida en la gran ciudad es más complicada de lo que esperaba y le va fatal.
Lo primero que hace es perderse en el metro y es ahí que conoce a Souske Shima, un chico guapo, relajado y afable, que sabe que ya va tarde a la escuela y realmente no le afecta. Al ver a Mitsumi desamparada y reconocer que lleva el mismo uniforme que él, le ofrece ayuda y juntos toman el metro a la escuela.
Su primer roce sucede por la diferencia de sus perspectivas, Shima le pide que se relaje pues “solo es la ceremonia de inicio” y ella se exaspera porque precisamente eso es lo que la hace tan importante. Mitsumi es la representante de la nueva generación de alumnos al haber obtenido la puntuación más alta en el examen de admisión y debe llegar a dar el discurso de bienvenida, su mala suerte continua cuando llega a la escuela y nota que olvidó la hoja donde tenía escrito su discurso, pero eso no la detiene y lo recita de memoria, está tan nerviosa y su rush de adrenalina es tal que al bajar del podio termina vomitando encima de una profesora.
Para acabarla, al presentarse ante sus compañeros de clase intenta hacer un chiste para romper el hielo, pero nadie lo capta como un chiste y más bien resulta súper incómodo.
Este conjunto de situaciones convertirían a cualquiera en una paria durante la adolescencia, ella ya estaría encaminada a una vida de completa marginación social… Pero Shima vuelve a salvarla.
Shima, aunque no sea plenamente consciente del poder que tiene en la pirámide social porque lo da por un hecho de la vida, sí que tiene la intuición de que con su influencia puede ayudar a otras personas. Después de todo, el tipo de persona que tiene muy buen ojo para saber cuando alguien la está pasando mal, y usa esa intuición para tratar de mejorar las cosas.
Es en el momento más bajo de Mitsumi que Shima, frente a todos sus compañeros, le pide a Mitsumi que sean amigos y que le pase su número de celular para estar en contacto.
Sus compañeros ven a esta morra intensa y rara que de alguna forma es amiga del sujeto más codiciado de la generación, y es por Shima que le dan a Mitsumi una segunda oportunidad (que aunque en inicio es solo por interés, termina siendo algo genuino).
Ya que tenemos esto de trasfondo voy a contarles algunas de las razones por las que me proyecté tanto, también les advierto que a partir de ahora hablaré de cosas que entran en spoilers.
Obviamente me sentí identificada con Mitsumi y también con una de sus amigas: Makoto, principalmente por su ineptitud social. Ellas son parecidas en algunas cosas, como que son el típico arquetipo de niña rara/ñoña con alguna hiperfijación, pero también son diferentes por el ambiente en el que se desarrollaron.
Mitsumi es alegre y tiene una visión muy inocente de la vida y a veces no se percata de las dobles intenciones de las personas. Makoto sin embargo suele estar a la defensiva, por crecer en un ambiente escolar más hostil, ya la han lastimado antes y desconfía de las personas atractivas o populares.
Yo como Mitsumi fui una persona muy inocente en varias cosas, no me daba cuenta cuando exasperaba a las personas, en una ocasión una amiga estalló y me dijo “¿Por qué me sigues hablando?, ¿no te das cuenta que estoy enojada contigo?” y lo peor de todo es que yo no supe qué es lo que la había molestado. En otra ocasión traté de entablar amistad con otras chicas y a la hora del recreo siempre ponían pretexto para ir a algún lado y dejarme esperando, fue hasta que un amigo se percató de la situación que me dijo que ellas obviamente me estaban evitando. Por ese tipo de experiencias terminé siendo más desconfiada de la gente, como Makoto.
Pensé: “qué sencilla hubiera sido mi vida si alguien como Shima me hubiera adoptado”, pero entonces recordé, ¡sí que pasó! un grupo de populares trataron de acercarse en mi primer año de preparatoria. Yo estaba dibujando un cómic y varios compañeros me pedían la libreta para leerlo, uno de los chicos populares lo leyó y le prestó mi libreta a sus amigas, y en varias ocasiones trataron de entablar conversación conmigo con ese cómic como pieza central de la conversación… Pero así como Makoto, a estas alturas ya me habían hecho daño suficientes veces y lo primero que pensé fue que se querían burlar de mí, así que mejor mantuve mi distancia y fui tan awkward que simplemente dejaron de intentar hablar conmigo jajaja.
En Japón, los alumnos de prepa cambian de grupo al pasar de año y cuando Mitsumi pasa a segundo sólo Makoto permanece en su mismo grupo, Mitsumi se frustra pues le cuesta conectar con sus nuevos compañeros y no entiende porqué la gente la evita. A Makoto le hace gracia y le explica que la gente normalmente no quiere tener nada que ver con gente como ellas, que hasta ahora había vivido en modo “fácil” porque los demás, al sentirse atraídos por Shima y Yuzu (otra amiga popular en común), también convivían con ellas.
Me gustó mucho que la historia hiciera hincapié en ese detalle de cómo el ecosistema social adolescente es tan delicado, cómo una simple amistad con una persona más carismática puede mejorar tanto tu experiencia.
Yo, ahora como adulta, miro atrás y recuerdo lo insegura que era. Me sentía “insuficiente” y al mismo tiempo sentía que yo era “demasiado”, no tenía aún las herramientas para regular mis acciones y comentarios, mi personalidad brusca alejaba a los demás y no muchas personas me daban la oportunidad o me tenían la paciencia necesaria.
Otra cosa que comparto con Mitsumi es justo el ser muy “vocal”, con la edad y la experiencia deje de ser tan impertinente, pero de joven la gente me evitaba justo porque mi sinceridad resultaba incómoda, grosera o simplemente extraña. En el manga hay una parte muy interesante donde una chica le dice “Se nota que creciste en un lugar donde recibiste mucho cariño” con respecto a que Mitsumi habla sin miramientos. Este comentario la dejó un poco confundida, pero yo lo vi y lo entendí perfecto.
A pesar de mis dificultades sociales en la escuela, así como Mitsumi, yo también crecí con el privilegio de tener un hogar amoroso donde te respetan y te escuchan, yo expresaba mis ideas y hablaba de cosas personales, mis ideas, mis deseos, mis intereses nunca fueron meritorios de regaños o de miradas despectivas en mi casa. Al contrario, muchas veces eran tomadas con humor o celebradas por mis padres. Para mi era muy natural decir lo que estaba en mi mente sin pensarlo dos veces.
Pero verlo así plasmado en el manga, donde hay tantos personajes pasando por situaciones familiares complicadas, donde buscan llenar esos vacíos que tienen de otras formas, me hizo pensar en las personas que he conocido a lo largo de mi vida que también estaban pasando por cosas complicadas y que yo simplemente no tenía la empatía o el margen de referencia para entender.
Recuerdo una ocasión hablando con una amiga sobre un dilema personal y mi consejo fue que lo hablara con su madre, que si le exponía sus razones, su madre lo entendería y le daría permiso… Pero no fue así. Para mi fue un shock enorme, por ignorancia pensé que mi amiga era quien había hecho mal las cosas, no había expuesto bien sus razones, quizá no había sido lo suficientemente elocuente, etc y por ello había terminado la discusión tan mal. Pero no, no fue culpa de mi amiga, saber que algunos padres ven a sus hijos como una mera extensión de sí mismos y que si quieren salirse del molde están mal y no hay nada que pueda hacerlos entrar en razón fue impactante para mi.
Skip & Loafer me hizo mirar mis experiencias estudiantiles con otros ojos, despertó simpatía por mucha gente que me lastimó y que yo lastime, me hizo ver muchas cosas que en mi ineptitud social no supe sobrellevar y me impactó lo bien que están escritos los personajes para llevarme al pasado y pensar “este personaje es justo como X”, “yo tuve un compañero que era igual a Y” o “Quizá por eso Z actuaba así”.
Pero sobre todo, creo que estoy agradecida con este manga porque, aunque yo recordaba con cierto cinismo y desapego mi vida estudiantil adolescente, y aunque nunca la voy a mirar con nostalgia, me hizo entender mejor mi camino por la vida.
Experiencias tanto buenas como malas, la gente que de una u otra forma me marcaron, con todo y todo creo que realmente no cambiaría nada al respecto.
Quizá no tuve una vida escolar tan linda como la de Mitsumi, ni tampoco tuve lazos tan fuertes con las pocas amistades que entablé en esa época, pero yo también eventualmente encontré mi lugar en el mundo y creo que no hay más que una persona podría desear.
Aún hay un montón de cosas de las que podría hablar sobre este manga pero ya me extendí demasiado, quizá luego también intenté hablar al respecto del romance visto desde la sombrilla de la asexualidad jaja, pero ya veremos.
Gracias por leer mis tonterías y nos vemos a la próxima que me de hiperfoco con algo.
Y también agradecimientos especiales a Aurea Freniere que se tomó la molestia de leer esto y darme consejos sobre cómo organizar mejor mis ideas caóticas.


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